Polvorines y Sustancias Explosivas: Reglas de Oro Operativas (NOM-005)
- Ricardo Alonso Rivera Beltran

- hace 3 días
- 5 min de lectura

Eran las tres de la tarde en un frente de cantera a campo abierto. El cielo sobre las montañas comenzaba a tornarse plomizo y un trueno lejano retumbó a lo lejos, apagando por un instante el rugido del tractor. En el polvorín, la cuadrilla se alistaba para cargar los barrenos de la última voladura del día. El supervisor vio caer la primera gota sobre la cabina y sintió ese ligero escalofrío que todo prevencionista reconoce: la duda de si apretar el paso para terminar antes de la lluvia o detener todo inmediatamente. Un segundo trueno, mucho más cercano, tomó la decisión por él. La orden fue tajante: abandonar el área, resguardar los detonadores y evacuar. Minutos después, un rayo atravesó las nubes e impactó sobre un risco a menos de un kilómetro. Si la cuadrilla no hubiera seguido al pie de la letra el protocolo, la historia no se estaría contando hoy.
El manejo de materiales detonantes e iniciadores no perdona el exceso de confianza. En la industria minera, de la construcción y en obras de infraestructura en México, las sustancias explosivas son herramientas cotidianas de transformación, pero también representan la máxima exigencia en materia de seguridad laboral. Por ello, la norma NOM-005 da los aspectos generales sobre polvorines y explosivos y establece criterios de estricto cumplimiento legal y operativo para proteger la integridad del personal.
¿Por qué la NOM-005 es la columna vertebral en operaciones con explosivos?
Cuando trabajamos con altos explosivos, agentes de voladura o iniciadores, la distancia entre un procedimiento rutinario y una tragedia es una simple chispa, una corriente parásita o una fricción inadecuada.
La normativa mexicana clasifica estas tareas como actividades de alto riesgo y obliga a las empresas a contar con procedimientos escritos, personal autorizado y capacitado, e infraestructura especializada.
El objetivo central no es entorpecer el ritmo de producción, sino construir un entorno blindado. La prevención en esta área descansa en tres pilares indispensables:
La infraestructura física del polvorín y su control estricto de accesos.
La disciplina operativa durante el trasvase, transporte interno y preparado de cebos.
El cumplimiento sin concesiones de las alertas climáticas y las alarmas previas al disparo.
El polvorín: Arquitectura y control para evitar la catástrofe
El almacenamiento de explosivos exige instalaciones concebidas específicamente para contener y neutralizar peligros. Un polvorín no es una simple bodega o un almacén general; es una estructura de ingeniería diseñada para aislar el material de cualquier fuente de ignición externa y minimizar los efectos de una detonación accidental.
Para mantener las sustancias en condiciones óptimas y libres de riesgo, el almacenamiento debe alinearse a los requisitos mínimos que la norma 005 establece:

Tormentas eléctricas: La amenaza atmosférica que detiene la operación
Uno de los momentos de mayor vulnerabilidad en el manejo de explosivos ocurre a cielo abierto o cerca de los accesos a bocaminas cuando se aproximan fenómenos meteorológicos.
Las descargas atmosféricas pueden inducir corrientes eléctricas en el terreno o en el ambiente capaces de activar detonadores eléctricos o iniciar cordones detonantes de forma prematura.
Cuándo y cómo realizar la suspensión obligatoria de actividades
La norma es enfática al respecto: ante la presencia comprobada o inminente de una tormenta eléctrica, la regla de oro es la suspensión inmediata de cualquier trabajo relacionado con explosivos.
Monitoreo preventivo: Se debe contar con detectores de tormentas o dar seguimiento continuo a los reportes meteorológicos del área.
Evacuación del área de barrenación: Si la tormenta se aproxima mientras se realiza la carga de un frente, la operación debe interrumpirse al primer indicio eléctrico en la atmósfera (rayos visibles o truenos audible).
Desconexión y resguardo: Si se están empleando detonadores eléctricos, los circuitos deben ponerse en cortocircuito y aislarse de la tierra. El personal debe evacuar el radio de peligro de inmediato hacia zonas de resguardo designadas.
Cierre de polvorines: Durante la tormenta, nadie debe permanecer dentro ni en la cercanía inmediata de los almacenes de explosivos.
Voladuras controladas: Alarmas sonoras y el protocolo del pegador
Llegado el momento de efectuar la voladura, la improvisación debe ser cero. La comunicación entre el equipo operativo, el personal de vigilancia en los accesos y los trabajadores de áreas colindantes debe ser perfecta.
La secuencia de señales de aviso antes de iniciar la detonación
El procedimiento de disparo o pegada requiere un protocolo de avisos sonoros que nadie en el centro de trabajo pueda ignorar. La sirena o silbato de aviso debe poseer un tono distintivo y un volumen suficiente para superar el ruido de fondo de la maquinaria.
Antes de llevar a cabo las voladuras se debe verificar que:
1) se instale y opere una sirena de alerta, con un alcance superior a los 500 metros alrededor del sitio donde se efectuará la voladura, con el fin de advertir del peligro a cualquier persona que se encuentre en el perímetro de este sitio. Esta sirena deberá operar continuamente 10 minutos antes de que inicie la disparada y 10 minutos después de que se dispare el último barreno;
2) se haya alejado a todos los trabajadores de la zona de la voladura;
3) se haya apostado personal en todos los puntos de acceso al lugar donde se va a efectuar lavoladura, con el fin de evitar el acceso de cualquier persona,
4) todos los trabajadores hayan alcanzado refugio seguro.
Queda prohibido volver al lugar donde se realizó la voladura hasta que personal capacitado revise que la zona se encuentra en condiciones de seguridad e higiene, y se dé la autorización para regresar a dicha zona;
Si hay indicios de falla en la disparada de algún barreno, los trabajadores no deben regresar a sus actividades hasta que el personal autorizado y capacitado localice todos los barrenos que no detonaron y se tomen las medidas de seguridad necesarias.
Capacitación, transporte interno y resguardo de material
Ninguna medida técnica es efectiva si el personal no comprende el valor de cada paso. El transporte interno de explosivos desde el polvorín hacia el frente de trabajo debe realizarse en recipientes no metálicos especiales, separando estrictamente los iniciadores o detonadores del resto de la masa explosiva.
Asimismo, únicamente el personal capacitado, experimentado y formalmente autorizado por la empresa (conocido operativamente como el pegador y su ayudante) puede manipular estos insumos. Los registros de entrada y salida de material en el polvorín deben ser impecables, asegurando una trazabilidad total por lote y cantidad.
Conclusión y participación comunitaria
La gestión de polvorines y sustancias explosivas transforma los reglamentos escritos en un escudo vivo de protección. La cultura de prevención no consiste en temerle al material, sino en respetarlo profundamente a través de la disciplina operativa y el liderazgo en campo.
Para conocer cómo se vive la prevención en tu centro de trabajo y fomentar la conversación con otros profesionales del sector, queremos saber tu opinión:
¿Cuál de estos aspectos representa hoy el mayor reto en la gestión de explosivos en tu empresa?
Garantizar la suspensión total e inmediata ante tormenta
Mantener el control estricto de accesos en polvorín
Estandarizar la secuencia de alarmas sonoras en voladuras
Referencias Bibliográficas
Secretaría del Trabajo y Previsión Social. (1999). Norma Oficial Mexicana NOM-005-STPS-1998, Relativa a las condiciones de seguridad e higiene en los centros de trabajo para el manejo, transporte y almacenamiento de sustancias químicas peligrosas. Diario Oficial de la Federación.



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